viernes, 27 de julio de 2007

Sobre los sistemas de partidos

"los actores políticos que ven aumentar su credibilidad son los que parecen capaces de cambiar el sistema tradicional de partidos"

Quince años atrás, Liliana De Riz afirmaba lo anterior como lo que parecía ser una nueva premisa de la política argentina.
La idea de escribir sobre el actual sistema de partidos en nuestro país surgió de un debate que tuve con el periodista Fernando Iglesias (fernandoiglesias.blogspot.com, no van a encontrar el post porque, soprendentemente, el autor lo eliminó, junto mi replicación en los comentarios).
Básicamente, Iglesias presentaba, tras la victoria de Macri en capital y de Fabiana Ríos en Tierra del Fuergo, al PRO y al ARI como el nuevo sistema bipartidista, anclado en una fuerza de centro derecha y otra de centro izquierda. Su hipótesis se reforzaba a partir de la actual crisis del PJ y de la UCR como los grandes representantes partidarios nacionales.
Mi respuesta fue que su aseveración tan solo consistía en una expresión de deseo y agregué que determinados aspectos de su publicación resultaban, en cierto modo, peligrosos para analizar la realidad política argentina. Peligrosos en el sentido que desde diversos lugares, sobre todo desde los análisis periodísticos superficiales, se esta instalando la idea de medir la fortaleza de un partido o movimiento nacional a partir de la política provinicial. No significa que no pueda hacerse ninguna relación entre ambas arenas pero no creo que los acontencimientos en el plano provincial puedan ser directamente extrapolados al nacional, sin antes tomar determinados recaudos. Cómo se explicaría, si no, que en Tierra del Fuego el ARI haya derrotado al Frente para la Victoria y, sin embargo, Kirchner tenga en esa provincia un gran apoyo de la ciudadanía y probablemente sea un distrito que su partido gane en las elecciones de octubre.
En efecto, la crisis del sistema tradicional de partidos juega un rol mucho más preponderante en la arena nacional que en la provincial. Cuando se habla de la crisis de la UCR. ¿De qué crisis se habla realmente? ¿Es posible asegurar que el radicalismo esta en vías de extinción como dicen algunos? Para encontrar respuestas satisfactorias es necesario establecer el análisis en un doble plano. La UCR sigue siendo muy fuerte a nivel provincial, gran parte de gobernadores son radicales así como también ejerce gran cantidad de intendencias. Sin embargo, desde el fracaso del gobierno de la Alianza su peso en la competencia partidaria nacional viene en un marcado retroceso.
Ahora, cómo se explica la crisis del sistema tradicional de partidos, un fenómeno que no es exclusivo de la Argentina sino también de toda Latinoamerica y hasta los propios paises desarrollados han experimentado cambios profundos en sus propios partidos.
La respuesta a este fenómeno es de carácter múltiple y complejo. Existen diversos marcos teóricos de explicación y, desde mi punto de vista, varios de ellos aportan variables significativas para explicar el proceso. A continuación propongo algunos factores a tener en consideración a la hora de pensar en esta aparente debacle de los partidos que históricamente han identificado a nuestros países.
En primer lugar, cabe aclarar que hay cierta confluencia en los diversos análisis y perspectivas sobre la crisis de los partidos políticos: todos hablan de la personalización de la política en detrimento de la estructura partidaria. Desde Joachim Hirsch, pasando por Sartori, hasta los teóricos más conservadores resaltan desde algún lugar este proceso. Y creo que es un factor clave a la hora de analizar la mencionada crisis.
Sobre lo anterior, se me ocurre una potencial objeción empírica que podría hacerse sobre la relación entre la personalización y la crisis partidaria: Estados Unidos. La correlación espuria se podría basar en que Estados Unidos ha sido pionero por excelencia en la gravitación política de los candidatos por sobre los partidos y sin embargo el tradicional bipartidismo demócrata-republicano no parece desaparecer. Si bien es cierto lo anterior, los dos grandes partidos norteamericanos atraviesan una profunda reconfiguración del rol que ocupan en la arena de la competencia partidaria. Los partidos se vienen transformando, desde hace largos años, en estructuras que acaparan fondos monetarios para sustentar a los cada vez más numerosos candidatos al interior de cada partido. En consecuencia, la competencia fundamental no se da entre los partidos sino entre las distintas figuras políticas que compiten por atraer dinero y que utilizan a los partidos como el marco en que el que se da dicha competencia. El "catch-all" (the votes) que definió a los partidos durante gran parte del siglo XX se ha transformado en un "catch-all" (the money).
Ahora bien, resulta necesario ahondar un poco más sobre la crisis de los partidos políticos, al menos tal como el pensamiento politico-social los ha entendido durante largas décadas. Siguiendo a distintos autores, algunos de ellos teoricos del rational choice como Scott Morgensten, podemos definir a los partidos políticos como estructuras basadas en objetivos, etiquetas (labels), organización e institucionalización y caracterizados por la distribución de beneficios colectivos (cargos básicamente) y la existencia de ideologías identitarias. En efecto, la crisis de los partidos se ubica en la crisis de los factores mencionados: los partidos encuentran grandes dificultades para definir objetivos, así como la organización se ha tornado demasiado costosa y los actores políticos individuales ya no encuentran al partido como el eficaz dsitribuidor de beneficios. Todo esto sumado a la crisis de las ideologías (este tema es para analizar en otro momento, tengo serios desacuerdos con la idea del "fin de las ideologías" como se lo suele plantear) . En contraste, la política parece desarrollarse con mayor enfásis entre diversas facciones y se acentúa cada vez más la personalización de la política.
Existen también otras causas, algunas intrínsecamente relacionadas con lo anterior, que explican este fenómeno de crisis y el ascenso de la personalización, sobre todo en el plano electoral nacional. Dentro de ellas podemos nombrar el creciente rol de los medios de comunicación masiva en la comunicación política, especialmente de la televisión y la idea posmoderna de disgregación y objeción de lo totalizante. Me gustaría explayarme sobre estos tópicos pero creo conveniente hacerlo en otros análisis. En realidad, la idea de todo lo expuesto anteriormente era hacer un breve bosquejo sobre la crisis del sistema de partidos y aclarar la necesidad de discernir cómo se configura la misma en la arena nacional y en la provincial y los consecuentes peligros teóricos de relacionar ambos planos sin antes establecer determinados filtros. También creo que quizás sea hora que la ciencia política y la sociología empiecen a redefinir las tradicionales tipologías de los sistemas de partidos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

interesting

Anónimo dijo...

se remurio este blog, q pena